Descalzo y sentado sobre una delgada manta junto a su esposa y una bebé de dos meses que duerme, Manuel, de 22 años, recordó el momento en el que quedaron atrapados en su vivienda por una correntada de material lodoso ardiente que bajó del volcán tras la erupción y que provocó la tragedia.
“Todo eso (el material volcánico) se entró por puertas y ventanas. Había mucho calor, no se podía respirar, eso hervía”, señaló a la Agence France-Presse, en un rincón del salón comunal de la Ciudad de Escuintla, 40 kilómetros al sur de la capital, habilitado para atender a un grupo de damnificados.
Los272 refugiados en el albergue, de ellos casi la mitad niños, son de diferentes áreas de la aldea El Rodeo, en Escuintla, una de las zonas arrasadas por los flujos piroclásticos que descendieron del volcán.
“Logramos salir rompiendo láminas, cercos, pasando sobre paredes y logramos llegar hasta donde llegaron bomberos y soldados”, explicó el sobreviviente del deslave, aunque su otra hija de 4 años fue llevada al hospital local por quemaduras en las piernas.
Según el informe de protección civil, la fuerte actividad del volcán, de 3.763 metros de altura y ubicado a 35 km al suroeste de la capital, causóla muerte de unas 25 personas-incluidos varios niños- en comunidades del flanco sur del coloso al quedar atrapadas y quemadas por el lodo caliente.
DE acuerdo a la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres de Guatemala (Conred), de momento se han registrado un total de 3,265 personas atendidas por daños causados por la erupción del volcán de Fuego.













