Desde la comuna de Ancud y tras un convenio de cooperación entre la Corporación Cultural Municipal de Ancud y la Corporación Aldea Rural, llegó la muestra “Iglesias de Chiloé: Historia y Patrimonio del Archipiélago” que fue inaugurada en el segundo piso del Teatro Municipal de Chillan.
La colección consta de 7 maquetas de 16 Iglesias protegidas por la Unesco en el archipiélago de Chiloé que son propiedad de la Corporación Cultural Municipal de Ancud y que estarán en Chillán y más tarde Santiago, para ser visitadas de manera gratuita por la comunidad.
“ Para nosotros es un honor traer una parte de la Isla de Chiloé a Concepción e invitamos a los colegios, a las universidades y a los vecinos a visitar esta exposición que involucro un gran despliegue de recursos, transporte y horas de montaje. Hablar de la arquitectura chilota es hablar de una tradición que instauraron los jesuitas y que continua presente hasta hoy en la Isla”, señalo Hansel Silva Vásquez, Director de la Corporación Aldea Rural y curador de la obra.

Iglesias de Chiloé y su arquitectura
El archipiélago de Chiloé se emplaza en el Océano Pacífico, al Sur de Chile, entre el Canal de Chacao y el Golfo del Corcovado. Su centro lo constituye la Isla Grande de Chiloé, hacia el Este de la cual se ubican decenas de islas menores.
Habitado hace siglos por huilliches y chonos, el territorio chilote, fue colonizado tempranamente por españoles que se asentaron en el lugar desde mediados del siglo XVI. En esa época llegaron los primeros religiosos -franciscanos y mercedarios- que se abocaron a la tarea de evangelizar a la población indígena. Sin embargo, fueron los jesuitas, llegados en 1608, quienes organizaron el sistema de evangelización que tuvo un sello característico debido a las particularidades del territorio chilote: su excepcional aislamiento, la dispersión de la población indígena, la comunicación natural por mar y su gran riqueza maderera.
Los jesuitas aplicaron en la zona el sistema de misión circulante. Este consistía en grupos de religiosos que hacían recorridos anuales por el archipiélago, permaneciendo durante un par de días en determinados puntos, el resto del año, un laico especialmente preparado atendía espiritualmente a los lugareños. Esas visitas dieron origen a las primeras capillas, edificadas conjuntamente entre los misioneros y la comunidad de fieles, que aportaban su trabajo o materiales de construcción.
Las actuales Iglesias de Chiloé tuvieron sus versiones pretéritas en los mismos emplazamientos que estas antiguas capillas, pero constituyen el punto culmine de una evolución técnica y tipológica, y han sido conservadas sin modificaciones sustanciales. La función de culto permanece en todas ellas, al igual que las formas arquitectónicas, materiales y sistemas constructivos.













